La teoría mimética de René Girard y los agentes IA

Con la emergencia de los agentes IA, tanto a nivel laboral como privado, el análisis de las relaciones entre humanos y máquinas se torna más complejo. Las reflexiones antropológicas del filósofo francés René Girard acerca del mimetismo nos pueden aportar un punto de vista interesante para anticipar posibles escenarios. En línea con su pensamiento, la teoría mimética cobra protagonismo y deviene más compleja y exacerbada. 

Una tendencia emergente son los denominados agentes IA, con autonomía y accionables, es decir, que puede llevar a cabo proactivamente determinadas actuaciones. En un horizonte cercano se vislumbra que pueda haber un ayudante digital por cada trabajador físico (o quizá más). Estos agentes actuarán como asistentes multifuncionales y complementarán a sus homónimos humanos, estando omnipresentes a través de distintos dispositivos, ya sean ordenadores, teléfonos, gafas o tabletas. Según Jen-Hsun Huang, CEO de NVIDIA, en el entorno laboral esos ayudantes serán equivalentes a trabajadores digitales o Digital Workers. Obviamente, un factor clave para utilizar los Digital Workers, por parte de las empresas, será aumentar la productividad y hacer que ciertas tareas sean menos tediosas para los humanos.

La plantilla virtual y la propiedad intelectual

Previamente a que un agente lA sea operativo, deberá ser entrenado con una gran base de datos genérica y otra perfilada para el sector de actividad en que desempeñará sus funciones. Esta etapa de training del modelo es costosa, tanto en infraestructura como en energía; para materializarla se requieren grandes Data Centers. Posteriormente, el software de esos ayudantes IA se personalizará para cada puesto de trabajo específico.

A partir de aquí, se entra en la denominada fase de inferencia, en la que el humano y el trabajador digital comenzarán a interactuar mutuamente. Trabajan a modo de equipo, con el segundo asistiendo al primero en múltiples tareas, quizá respondiendo a cuestiones, sugiriendo ciertas acciones o efectuando operaciones de forma autónoma, entre otras posibilidades. En principio, cada trabajador físico establecerá un vínculo estable y consentido con su trabajador digital, aunque el primero debería de tener la potestad de controlar la dinámica de la acción.

Las cosas cambiarán en función del sector en que opera la empresa y las características de cada puesto de trabajo. Una opción, en el contexto de diseño CAD, pasa por comunicar a un agente IA o copiloto, qué es lo que tiene que diseñar y con qué programa. Posteriormente, el diseñador dará los últimos ajustes al trabajo, con más iteraciones, si fuera necesario. Este caso está muy próximo a la realidad, como sabemos. 

Otro ejemplo podría ser un trabajador digital, perteneciente al responsable de un departamento de compras de una compañía de alimentación, que podrá convenir directamente con el trabajador digital de un proveedor, tanto el precio como las condiciones para un determinado pedido (además de ejecutarlo). 

Otra opción pasa porque el trabajador digital del departamento de siniestros de una aseguradora negocie directamente las condiciones de reclamación del cliente con el trabajador digital de la parte contraria; rápido y sin fricciones, intercambiando pruebas documentales (vídeos, informes, contratos, etc.) y llegando a un acuerdo relativamente objetivo entre las partes. Finalmente, cada uno de sus responsables físicos será informado de la operación y dará su aprobación.

En principio, la propiedad intelectual que constituye esa plantilla virtual pertenecerá a cada compañía y constituirá un activo intangible. Si la empresa se vende, esa base de talento podrá valorarse y transferirse de forma consentida al comprador. No obstante, antes de que se produzca esa transferencia, habrá que pensar en anonimizar ciertos datos asociados con el empleado; al fin y al cabo, parte de esa relación era privada. 

Quizá los agentes IA comienzan a acariciar un aire de inmortalidad. Cuando un trabajador abandone la empresa, su Digital Worker se quedará en la empresa. Ese valioso agente, entrenado a medida para ese puesto de trabajo específico, estará listo para asociarse con el nuevo empleado que ocupe la plaza libre; y así sucesivamente...El beneficio potencial es relevante, ya que el agente tiene el know-how requerido para ayudar de forma sensible al nuevo trabajador. Posteriormente, el Digital Worker irá sintonizando sus características y funcionalidad, hasta conseguir que esa nueva asociación sea óptima. 

Hasta aquí se ha mencionado lo que son los Digital Workers en el entorno laboral, pero también están las aplicaciones de agentes IA personales (y privados) para cada individuo (o grupo). Estos Digital Companions estarán disponibles 24/7, minimizarán algunas de las tareas e interacciones humanas y serán muy complacientes con sus homónimos físicos. En definitiva, no será difícil crear un vínculo afectivo con un ayudante tan beneficioso y que evita cualquier fricción (por lo menos, en apariencia). No obstante, dejaremos de lado los Digital Companions y nos centraremos estrictamente a los Digital Workers.

La sofisticada teoría mimética

Otra cuestión sensible es qué pasa con la relación entre trabajador físico y digital, un aspecto relevante a considerar. El filósofo René Girard propuso la denominada teoría mimética, un modelo de análisis para examinar ciertos fenómenos sociales y políticos. De hecho, el concepto de mimesis ya fue enunciado siglos atrás por Aristóteles, en su obra Poética. Pero Girard la enfoca esencialmente hacia dos tipos de conducta específicos: el deseo y la apropiación.

Girard afirmó que el deseo humano está relacionado con una mimesis (imitación consciente) y que nuestros deseos se configuran gracias a los deseos de los demás. Deseamos lo que otros desean, generando una relación a tres bandas, entre el sujeto, el otro y el objeto deseado. La apropiación ocurre cuando se imita para poseer un objeto específico, pero esto puede llevar al antagonismo, donde la rivalidad por el objeto se transforma en una obsesión recíproca entre los rivales, haciendo que la lucha contra el otro prevalezca sobre la posesión del objeto en sí. Cuando se supera cierto grado de rivalidad, los antagonistas abandonan el objeto que pretendían apropiarse, para entrar directamente en confrontación. El proceso se convierte en una cadena de desquites que pueden analizarse en términos miméticos o imitativos.

Girard pone énfasis en esa mimesis potencialmente divisiva y provocadora de muchas crisis, que se manifiesta en la propagación de la rivalidad mimética. Incluso el propio deseo mimético puede ser el responsable de que surja la violencia. En contrapartida, afirma que, si nuestros deseos no fueran miméticos, se encontrarían fijados eternamente en objetos predeterminados, constituyendo una especie de instinto, de tal manera que no podríamos cambiar de deseos. No obstante, recuerda que la mimesis también puede ser un factor positivo, como en los casos asociados con la estética y la educación.

Cómo afecta el mimetismo a los agentes IA

La teoría mimética tiene mucho que decir sobre la relación entre pares de humanos y agentes IA. Aunque podría existir antagonismo, entre el par formado por el humano y su Digital Worker, es interesante destacar que la mimesis también se puede extender fácilmente a dos pares de entes humano y máquina, lo que sofistica más la teoría mimética. Por extensión, el número de humanos y agentes podría acrecentarse mucho más.

En este contexto, según las ideas de Girard, el objeto para un sujeto podría ser el agente IA del otro sujeto (como objeto, puede ser deseado). Un aspecto relevante es que habrá diferencias sensibles entre agentes IA. Quizá un Digital Worker se habrá entrenado mejor o tendrá una mayor base de conocimiento que otro. De hecho, conseguir más conocimiento en cualquiera de las etapas de training, tanto en la fase genérica como en la del dominio en que el agente IA va a operar, será un atributo claramente favorable. Pero, probablemente, ese Digital Worker será más caro; y eso supondrá un privilegio. Adicionalmente, podría haber diferencias en lo que se refiere a la tecnología y los algoritmos de cada agente IA, quizá para conseguir proporcionar respuestas más rápidas y precisas, disponer de más información de contexto (sensores e IoT) o adaptarse más eficientemente al sujeto.

Si la tecnología progresa al ritmo actual, disponer de un Digital Worker optimizado podría suponer un factor crítico para conseguir que la carrera profesional de un individuo sea exitosa. Curiosamente, cada Digital Worker también acumulará su propia carrera profesional, lo que redundará en su mayor valor intrínseco.

El pensamiento de Girard también puede alumbrar otros espacios. Un ejemplo sería cuando se analiza la relación directa entre dos Digital Workers. En principio, se trata de meras máquinas; entre ellas no debería emerger ese deseo y apropiación, que tanto preocupa a Girard. Pero los algoritmos pueden ajustarse para que incluyan un factor de gamificación, es decir, que utilicen componentes de un juego lúdico para motivar a alguien; ese alguien puede ser un sujeto o incluso…, un algoritmo.

La relación entre Digital Workers puede ser compleja, ya que un algoritmo puede programarse para competir, algo que ya se hace cuando se entrenan ciertos modelos, utilizando varios algoritmos que compiten entre ellos, con tal de conseguir una versión superior. En principio, algunas de estas prácticas pueden ser útiles para fomentar la mejora y el aprendizaje, pero también para competir abiertamente, con todo lo que eso pueda suponer. Además, en este contexto, para contribuir a aumentar más el deseo y la apropiación, se prevé la existencia de múltiples suministradores que ofrezcan agentes IA especializados (claros beneficiarios económicos de las tesis de Girard). 

En este sentido, estas técnicas de ajuste y adaptación de algoritmos pueden exacerbar el comportamiento de agentes IA y humanos. Situaciones no deseables podrían materializarse en la relación entre Digital Workers y sujetos físicos. Las redes sociales podrían apalancar más estos efectos. Adicionalmente, existe el potencial de desarrollo de una ingeniería emocional de los agentes IA que podría amplificar y condicionar, aún más, los vínculos emocionales de todos los actores implicados.

El planteamiento de Girard permite anticipar e identificar un conflicto potencial que probablemente sucederá, en cuanto a la relación entre los Digital Workers y los sujetos físicos asociados es que. Evitar que se produzcan un exceso de emociones sintéticas o relaciones de competición entre algoritmos, entre otros aspectos, es algo que es posible conseguir antes de ser comercializados, atendiendo a ciertas guías y buenas prácticas de diseño convenientemente estructuradas. Una legislación pertinente también es necesaria. Aunque no es fácil, un acuerdo de mínimos podría alcanzarse bajo la supervisión de distintas instituciones. Esto beneficiaría a la mayoría de los actores implicados.

Conclusiones

René Girard, con su elegante teoría mimética, hizo gala de una extremada lucidez y habilidad retórica, llegando a explicar muchos casos heterogéneos; pero ahora, sus tesis adquieren vigencia renovada para esclarecer el sofisticado comportamiento de los humanos y los Digital Workers asociados. Esta vez, la filosofía podría anticiparse, contribuyendo a fomentar proyectos que busquen soluciones y atenúen potenciales problemas.

Por: Xavier Alcober Fanjul

Sobre el autor
Xavier Alcober Fanjul nació en Barcelona, es ingeniero, consultor e interesado en la filosofía. Tiene experiencia en docencia técnica e implantación de aplicaciones de automatización industrial. Ha publicado múltiples artículos en medios técnicos y participado en distintos foros de tecnología.